Antes que apoyar su lucha, permítame disculparme. Señor campesino, inclino mi cabeza hacia usted, y manifiesto mi admiración que en años pasados no salió a flote, y no le voy a sacar excusas ni a evadirlo; su labor invisible nunca me causó más que indiferencia. Duré 18 años ignorándolo, al igual que la mayoría de colombianos. Colombianos ignorando que es gracias a usted que podemos desayunar antes de ir a estudiar/trabajar, almorzar y cenar en familia con la dicha y la gracia de nuestro lado, sin siquiera pensar que es usted el que se rompe la espalda por ser el responsable de nuestra nutrición.

Mi rechazo a la hipocresía me impide asistir a las varias protestas sin antes pedirle, mirándolo hacia arriba indignado con mi actitud egoísta, que me perdone por considerarlo a uno del montón. Por nunca pensar en usted, por tratarlo como un simple peón, ignorando que usted debe ser tratado como todo un príncipe. Es increíble nuestra indiferencia, ¡necesitamos de usted tres veces al día y nunca lo consideramos ni en nuestras plegarias!

Admiro su valentía, su “berraquez” por salir adelante, por cultivar la tierra y por ser el responsable de nuestra alimentación, aunque el Estado, asistido por nuestra indiferencia, le haga su rutina imposible por llenarle el bolsillo a un gordito de cuello blanco. Mi mente nunca abarcó la idea de que los héroes en Colombia sí existen, ¡estos usan ruanas y sus únicas armas son simples azadones y sonrisas humildes!

Así que antes que nada, quiero que usted me perdone, señor campesino. Por no mover un dedo para resolver su vida miserable. Por darle mi espalda cuando el Estado no se preocupó por usted. Antes de salir a marchar, antes de salir a apoyarlo, quiero que usted sepa de mi ignorancia. Antes de marchar, quiero que usted sepa que nosotros somos unos verdaderos hijueputas, que hayamos necesitado de una verdadera catástrofe y que sus vidas se hayan hundido en el abismo más miserable de todos para que por fin hayamos reconocido su labor.Porque no es justo que, cuando ya se acabe el paro y volvamos a nuestras vidas normales, nos olvidemos OTRA VEZ de usted.

Mi único deseo, es que cuando se solucione todo este paro a su favor, nosotros podamos reconocerlo y sepamos tratarlo como se merece. Sólo usted sabrá si merezco de su perdón y su comprensión. Señor campesino, yo a usted le debo la vida.

Solo en mi casa me planto a respingar. Es aquí donde me arrepiento. Donde nace otro de los infinitos soliloquios. El guión cambia, pero la trama permanece. Y luego llegan las mismas preguntas con la misma picardía de antes para exasperarme. Aquéllas que me desdoblan y me sirven en bandeja mis dos facetas. Yo me restrinjo a ladrarle y mostrarle mis siempre ensañados colmillos a mi faceta cohibida. No entiendo cómo, cuando ellase me presenta, esta faceta se apodera de mis nervios. No entiendo en qué momento de mi infancia la inseguridad se hizo paso en mi mente, y se instaló en mi corazón. 

No entiendo la personalidad solícita de aquella faceta. ¿Por qué no me voy me le voy de frente al rechazo? O más bien, al miedo del rechazo. ¿Por qué no tengo la valentía de saltarle encima, mandarle puñetazos impávidos y reventarle la cara con la respuesta física de mi personalidad henchida de rabia? ¡Porque rabia es lo que sale en masa de mis poros! ¡Rabia ante mi impotencia! ¡Ay de mí, hechizado por ella, por su meliflua mirada! ¡Su habla envidiada por los dioses! ¡Sus ojos color café!

Mi vida es una novela. Reverendo cabrón mi autor. O de pronto el giro definitivo está a milímetros de asirme el hombro.

Esperemos. 

Que empiecen las mil y un noches de amargura. ¿Por qué tanta impotencia? Siempre es tierno verme con el pecho salido y la mirada segura. Con un costal lleno de seguridad. ¿Y cuando la veo? Me muero. Ella me mata. Sus ojos color café. Ese café que odio, esos ojos que amo. 

Me quiero beber la noche de un solo trago con ella. Qué complique el mío. Solito me enredo con ella, y mi oportunidad cada vez está más lejos. Profusa es mi idiotez y mi inseguridad no cesa en ajarme. Por no tenerla a ella.

Pero ¿por qué? ¿Me es tan difícil matar mi languidez y decirle las cosas en frente? ¿Tan inalcanzable es robarle así sea un beso? ¿Tal es el miedo al rechazo que me es imposible estar con ella? 

ojos color café

ese café que odio

esos ojos que amo

esa mujer que deseo

me la como a besos

en mis sueños

¿y despierto qué?

que la inseguridad me enjaule.

Ronda que ronda, ronda la silueta. Silueta, chuleta, qué rica paleta. Tras el portón metálico ronda la silueta. Sigilosa ronda la silueta, con amenaza en sus dos dimensiones posa. Posa, moza, fosa. Manden a recoger a los poetas, que llegaron los hijos de la desgracia. Falacia, malacia, audacia. Audacia la mía, rey del universo y amo de la vida. Vida de mierda.

 Ronda que ronda, que te atrapa la silueta. Silueta, muleta, más queso feta. Ni en los bunkers, ni en los cuartos de pánico más acorazados te libras de la silueta. Ni en la tundra helada, ni en los desiertos adustos. Adustos, bustos, sustos. La silueta es tan glacial. Cómo la envidio. Cómo envidio su pecho vacío. Suena tan cliché implorar a gritos que me amputen el corazón. Ya marcarse esa bomba de sangre para luego pegarse un tiro pasó de moda. Descansa con tu hermana Elvira. Elvira, mira, gira. Gira la que necesita mi vida. De mierda

Ronda que ronda, que te mata la silueta. Silueta, chupeta, me pesa la maleta. ¿Algo más que escribir? ¡Ojalá te mate la silueta! ¡Sí, te hablo a ti, VIDA DE MIERDA!